¿QUÉ ES EL MACGUFFIN?


Dos viajeros se conocen en un tren de Inglaterra. Uno le dice al otro: "Perdone, señor, pero ¿qué es ese paquete de curioso aspecto que está encima de su cabeza'" "Ah, es un macguffin". "¿Y para qué sirve eso?" "Sirve para atrapar leones en las montañas de Escocia". "Pero si no hay leones en las montañas de Escocia". "Entonces, no hay macguffin".

Hitchcock ha contado muchas veces esta historia para reírse de los críticos de sus películas que buscan una explicación racional a todo. Lo que interesa al cine es manipular al espectador, conducirlo a su manera, someterlo al ritmo impreso en la historia. Lo que cuenta para Hitchcock es que el espectador tenga tanto miedo como el héroe o la heroína. El director hace todo lo posible para que el proceso de identificación funcione eficazmente. Hitchcock se muestra supremamente diestro cuando en el transcurso de un mismo film conduce al espectador a identificarse sucesivamente con muchos personajes.

Así, en Psicosis, se está en principio con Janet Leigh, esperando que no sea castigada por el robo que ha cometido o esperando que devuelva el dinero. Cuando es brutalmente apuñalada, el espectador es empujado a identificarse con Anthony Perkins, ya con la esperanza de que él vengará ese crimen, ya para desear que él castigue al autor, que no es otra persona que su propia madre. Pero el espectador no ha terminado con las sorpresas... y olvida completamente el macguffin: la razón inicial que empujó a Janet Leigh a robar el dinero de su jefe.

En Psicosis, el macguffin tiene existencia concreta al principio de la intriga. Pero el cineasta ha edificado ciertas historias sobre macguffins puramente ficticios. Hitchcock pone como ejemplo el de Con la muerte en los talones. "En esa película he reducido el macguffin al mínimo: Cuando Cary Grant pregunta al agente de la CIA acerca del malvado James Mason '¿Qué hace ese hombre?' 'Oh -responde el agente de la CIA-, digamos que está en la importación - exportación'. '¿De qué?' 'Hum... de secretos de estado'. Y es todo lo que debemos decir. Inútil que mostremos algo más, sea lo que sea. Pero toda historia de espionaje debe tener su macguffin, sea un microfilm o un objeto cualquiera oculto en el tacón de un zapato".

Es en este género concreto, el cine de espías, en el que más fácilmente puede identificarse el macguffin, pero quién sino Hitchcock llegó a definirlo de una forma si cabe más sencilla para poder entender su existencia y poder identificarlo en cualquiera de sus películas: "El macguffin es algo que preocupa los personajes de la película, pero que al público le da igual". En este sentido podríamos entender que es la circunstancia, hecho u objeto que fuerza a los personajes a actuar de determinada forma (la que en definitiva establece el ritmo de la historia) pero que carece de interés por sí misma; una excusa para que los personajes entren en acción y para que avance la trama.

Sin embargo, existe una gran paradoja respecto a la importancia del macguffin. Atendiendo a su significado en palabras del propio Hitchcock, no es nada, es un aparato inexistente para matar leones en las highlands escocesas, una mera excusa, un hecho accidental que el espectador olvida mientras se mete en la historia que ve en la pantalla. No obstante, sin esa excusa, sin ese hecho accidental, la película carecería de sentido, puesto que los personajes ya no actuarían movidos por él. Imaginemos que en Psicosis, Marion Crane no hubiese robado el dinero de su jefe. En ese supuesto, el personaje no hubiese tenido que huir y por lo tanto no hubiese parado en el motel Bates. Ergo no tenemos película. Supongamos igualmente que el personaje que interpreta Cary Grant en Con la muerte en los talones no se hubiese levantado hacia las cabinas de teléfono del hotel en el preciso instante en que nombran a Roger Kaplan por megafonía; pongamos que se levanta un minuto antes o un minuto después. Entonces no se hubiera visto envuelto en la trama de espionaje. Ergo, de nuevo, no tenemos película. Retomando el tema ferroviario, esta vez sin misteriosos paquetes en el portaequipajes, imaginemos que en Extraños en un tren, los dos protagonistas no coinciden en el mismo vagón, o que el tenista al que interpreta Farley Granger se muestra callado y taciturno con el que interpreta Robert Walker, o que éste último no reconoce al primero. Y así en toda la extensa filmografía de Hitchcock, siempre encontraremos un pequeño chispazo que es el que hace rodar la historia; bien puede ser la actitud o determinación de un personaje, bien el azar. En definitiva, "el macguffin es aquello que siempre persiguen los espías".


VOLVER


UNA PRODUCCIÓN DEL PROFESOR MORIARTY. MADRID 2001-2011. hitchonline@gmail.com